Dimos un paseo por la Playa de Muro, estaba atardeciendo y sobre el azul turquesa del mar chisporroteaba un dorado mágico. El sol se ponía tras el pinar, en la arena rodaban un anuncio y a nuestra espalda, justo en ese momento, debían estar encendiendo el josper que nos haría disfrutar toda la noche bajo la batuta del equipo de Santi Taura en su nuevo apadrinado restaurante con un nombre que no deja lugar a interpretaciones: GUST.

Una fachada sencilla y elegante que bien podría ser de una tienda Louis Vuitton en Miami Beach nos daba la bienvenida, tras ella una decoración cálida, con motivos isleños y cocina vista gracias a un ventanal que ojalá lo pusieran (todo) para llevar. La vajilla, el mobiliario para quedarse a vivir.Para tenerlo en casa. Para llenar mis armarios, mi cocina y mi vida. Un lugar de esos en los que se está a (GUST)ito.

En GUST el late motiv es compartir. Una carta no demasiado larga pero más que suficiente donde proponen pedir para el centro de la mesa y mover el bigote en pareja o en grupo, comer en algunos casos con las manos y brindar a ritmo mallorquín. Para empezar, un Vermut muy aromático que despierta el buen rollo y el apetito. Para seguir, unas croquetas de carrillera y una coca de verduras con sardina ahumada de la que, una semana después, todavía recuerdo el sabor y el crujir como si fuese una canción pegadiza que cada tanto se te viene a la cabeza y no puedes evitar tararear.

Entre sorbo al vermut y ojeada a la cocina, llegó un bocadillo de calamares y con él dos lagrimones. Jaime es madrileño y ese homenaje castizo a 549 kilómetros de su ciudad natal y a dos pasos del mar, impacta, seduce y enamora. La versión de Santi Taura va en pan chino y, además de calamares tiernos como los mofletes de un bebé, lleva lima, cilantro y cebolleta. Imagina el espectáculo.

El frit de barca picantón, pan casero de xeixa y algarroba, berenjena rellena, ventresca de atún rojo que se deshace en la boca como si fuera un sueño, mantequilla, un huésped en la lengua que deja un recuerdo imborrable… Nos desabrochamos el botón para seguir con el homenaje y entre pecho y espalda cayó una paletilla lechal cocinada durante 24h con una guarnición de setas cremosas. Setas cocinadas con salsa de setas. Setas a otro nivel. Umami. Ese plato es puro umami, un sabor tan intenso que te da la vuelta.

“Todavía os quedan los postres que son lo mejor”, nos dijo el camarero. Y yo no supe si subirme las mangas que no llevaba, desabrocharme otro botón o dejarme llevar. Si los postres eran lo mejor -visto el espectáculo de sabores que habíamos vivido durante la cena-, no nos íbamos a perder los postres por nada del mundo.  Pedimos un gato versión de la cocina y el snicker para darle un buen bailoteo a mi nostalgia. Oh, gosh. Helado de vainilla, chocolate y Nutella y ese crujir del caramelo que se te pega en las muelas para que lo disfrutes un rato más. Im-pres-cin-dible.

 Sin duda, el GUST(o) es nuestro gracias a vosotros (Santi Taura e Iberostar).

un comensal ha hablado

  • Fernando
    10 Agosto 2017

    Hola. Qué envidia me das! Cómo te cuidas! Tiene todo un aspecto estupendo. Salivo de emoción. Un besote.