Cierra los ojos y piensa en una cocina donde el verde predomine. Quizá, en primer instancia, la imagen que te venga a la cabeza será algo llamativo e inusual. Hasta ahora, siempre que he imaginado mis cocinas favoritas, las he creído en blanco o crema con detalles en pino, olivo o roble. Sea del color que sea la imagino limpia, luminosa y calmada. Nunca en rojo. Siempre con algo de verde. Un espacio en el que reunirme y disfrutar de cocinar poniéndolo todo patas arriba pero con el suficiente almacenamiento como para dejarlo todo en su sitio al acabar, como si allí no hubiera sucedido ninguna catástrofe culinaria de entre todas las que somos capaces de vivir antes de un gran acierto.

Paseaba por Pinterest buscando inspiración sobre decoración para mi cocina -amueblar y decorar una nueva vivienda lleva horas de inversión Pinteresteriana– y, de repente, me encontré con la pantalla teñida de un verde que me calmaba. La culpable era esta Jungle Kitchen, la cocina green mood de la creadora de The Jungalow. Una cocina con aire boho que me hace sentir en la selva. Una tortilla de paz y aventura.

El tono del verde del alicatado de los baldosines consigue que me quede mirándolo durante un largo rato transmitiéndome una sensación extraña, en este contexto, pero absolutamente familiar. Un bienestar y una calma parecida a la que siento cuando miro el horizonte. Imagino que los eruditos de la psicología del color serían capaces de definir esto que cuento de una manera científica. O no. No sé, en cualquier caso, este alicatado me parece todo un acierto.

La encimera que ha elegido es la Silestone Lagoon en un tono marmolado muy sútil que contrasta con el tosco fregadero y que vuelve a equilibrarse con la elegante grifería en tono rose gold. Color que ha elegido también para muchos de los accesorios de la cocina combinándolos con la madera.

Los estantes, robustos y naturales -que bien podrían haber sido diseñado por Con Alma Design-, permiten llenar la parte superior de la cocina de plantas, platos, tazas y copas que han nacido para ser vistos. La parte inferior del mobiliario es el personaje secundario de esta película de aventuras hasta que la vista viaja a los pies y nos topamos de bruces con el fabuloso suelo hidráulico, también en tonos verdes, que impregna la estancia de un carácter bohemio realmente acogedor.

Me gustan las cocinas que, como esta, lucen en las fotos vivas. Cocinas bonitas a las que se les intuye latir. Huyo de ese estilo de cocinas de postín que, a menudo, desfilan en revistas y catálogos con actitud altiva de mírame y no me toques. Seguramente, muchas de ellas, puedan estar elevadas a la categoría de obra de arte. Y no digo que no me guste observarlas pero suelo enamorarme de cocinas que destilan entre las juntas de sus baldosas olor a guiso, ensalada y chisporroteo. Soy una romántica culinaria que vive y observa buscando historias en cualquier rincón por eso no me gustan en absoluto las cocinas que, en apariencia, son mudas.

Fotografías The Jungalow

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