Quién nos iba a decir que, en mitad de Malasaña, en plena Calle del Barco, a unos pasitos de Gran Vía y su ajetreo, íbamos a encontrarnos con un hogar, un salón en los que solo falta un brasero de aquellos que habitan debajo del mantel de la mesa del comedor y que te calientan las pantorrillas para decirte con certeza que allí puedes sentirte en casa. Y entre plato y plato de un menú delicioso, conocimos a Luis Nájera y nos contó que eso es lo que precisamente quería conseguir: ‘me gustaría que este rincón recuerde al salón de mi madre’.


Medusa tiene nombre de diosa, la Diosa Medusa convertía en piedra a aquellos que se atrevían a mirarla fijamente a los ojos. Y eso pretenden Alberto y Luis con los dos menús, (uno corto con ocho platos y otro más largo, con diez) que presiden su carta: dejar de piedra al que lo pruebe.

Nosotros probamos el menú que habían preparado para la #RestaurantWeek17 que organiza cada año El Tenedor , un menú que te da la bienvenida con un ‘tortellini frito relleno de maíz y salsa huancaína’.

El primero llegó coronándose, un plato de ‘arroz meloso de cordero con crestas confitadas’ que sería capaz de conquistar cualquier paladar inquieto y más ahora, que conste, porque te ayuda a combatir la temperatura ambiente y te lleva a estar debajo de una manta de lana.

Para seguir, un plato de ‘presa ibérica con una base de noodles salteados con salsa de pichón, boletus y un caviar de cereza’. Uno de esos platos que saben a saber hacer, a tradición mezclada con actualidad. Esos platos que te trasladan y te sientan, sin preguntar, delante de una chimenea con la leña al punto.

El postre fue un paseo por el verano, un ‘esponjoso de yogur griego con texturas de albaricoque con crispies y orejones’ que nos borró por completo la evidencia de que ya es otoño. Vaya, que vivimos una mezcla de sensaciones en las que siempre primó sentirse en casa y llenar el estómago de maravillas.

Y sí, Luis, Alberto, lo habéis conseguido:
nos hemos quedado de piedra.

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