Que todo se venda a granel otra vez, por favor. Los garbanzos, las espinacas, la pasta, los tomates, el arroz y los chicles. Todo excepto las sonrisas, las sonrisas que las regalen si vas a comprar con una bolsa de tela. Una sonrisa y una lechuga por cortesía de la casa, por apañada y sin pe(n)sar. Una muy grande que dure hasta que vuelvas. No os creáis que voy tan lejos. Ayer nos regalaron una lechuga en la frutería porque sí. Y eso en Mercadona no pasa.

Que vuelvan las golosinas a cinco duros y a diez, por favor, y que pueda no cansarme de llenar cada tarde una bolsa de papel con 100 pesetas de chuches. Sólo por gusto, aunque después las vaya repartiendo para endulzar la vida a los que van sonriendo gratis con una lechuga y una bolsa de tela colgando del brazo.

Mi madre tiene un huerto desde esta primavera y el gazpacho de allí sale color rojo valentino. Siempre ha soñado con plantar para comer y no hay nada como regar las cosas que anhelas para que crezcan. Ahora vive en un pueblecito del centro de la isla y los calabacines, los pimientos, los tomates y las berenjenas son de cosecha propia. Eso, más que a granel, es a kilos de amor. Ni pesticidas ni nada. Lo único que apesta es el mejunje con ajo que le echa para que no se acerque ni Drácula. Ir al huerto a recoger la cosecha con mi madre y mis sobrinos (Nara e Ismael) es el mejor parque de atracciones del mundo.

El vecino tiene un limonero y nos deja que le robemos de vez en cuando. No son bonitos pero están hermosotes y cuando los exprimes se te caen dos lagrimones. Las verduras más feas son las más bonitas, no se quitan las extensiones, ni las pestañas, ni las lentillas de colores al llegar a la olla. Son de verdad y no necesitan pasar por un casting.

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Ojalá las naranjas de mi frutero nunca sean perfectas, las patatas estén sucias, las berenjenas pinchen y que de los huevos salgan tortillas tan amarillas que no sepa si están en ámbar.

¿No os parece lo mejor del mundo? Ponedme cuarto y mitad de comentarios para cuando vuelva.

8 comensales han hablado

  • 28 julio 2015

    ¡Qué razón tienes! Las verduras más feas son las más bonitas, esa es una frase que mi abuela dice mucho, de hecho una de las cosas que más me gusta de ir a verla es ir al huerto juntas y llevarme la fruta y la verdura que con tanto amor y esfuerzo ha plantado y ya cuando hay aceitunas… ¡no te quiero contar más! Como siempre, todo un placer degustar tus palabras.

  • 28 julio 2015

    Qué suerte poder disfrutar de las hortalizas de cosecha propia. Su sabor no tiene nada que ver con los de los supermercados, que no saben a nada. Ojalá las fruterías volvieran a ser como las de antes, donde nada más entrar olía a verdura y a fruta. Ahora sólo huele a frigorífico.
    http://tarragonain.blogspot.com.es

  • 28 julio 2015

    Pero cuanta razon tienes, no se puede decir mas claro. Recuerdo un huerto en mi vida siempre. Primero el de mi padre y hace años que tengo el mio propio que no solo nos alimenta el cuerpo sino qur tb el alma y engorda nuestra felicidad.

  • 29 julio 2015

    Leyéndote y viéndote tan feliz haces que uno se plantee muchas cosas. Si es que estar en una oficina todo el día con luz artificial y haciendo un trabajo que no me gusta pasa factura…Yo también quiero que todo sea a granel y la felicidad a kilos y las sonrisas tan naturales como esas berenjenas y limones 😀

    Besos mil

    PD: Ya sabes que nunca me voy lejos aunque no te comente siempre, pero estoy pensando en tomarme unas vacaciones de mí mismo para ver si me encuentro, no sé si me explico.

  • 31 julio 2015

    Guapísima ¡ cuánto me ha gustado… 😉 hago un llamamiento contigo para que todo vuelva a ser vendido a granel …

    Por que valoremos al tendero de la esquina, que además son los más bonitos, más majos…

    Vas a alucinar, pero cuando he estado viviendo en otros países, era algo que echaba muchísimo de menos, tener esas pequeñas tiendas donde ir a comprar… la mercería, la droguería… en el norte de Europa, por lo menos, lo que yo conozco, ya ha desaparecido… ahora todo lo venden en paquetes en las grandes superfícies, lo siento, pero me niego a comprar un botón en un paquete de 20 en un supermercado…

    Por favor un llamamiento a estas nuevas generaciones… ¿nadie quiere ser lechero, frutero, zapatero…????

    Besitos grandes ¡

  • 1 agosto 2015

    Jo leyéndote me he acordado de mis abuelas, porque aunque soy de Madrid, aquí todavía hay pueblos en los que te sientes feliz a granel y oye yo me considero de pueblo. Cuando era chica bajaba con mi prima a comprar leche a la lechería, comprábamos el pan en cá la Paulina y las chuches en cá la Matilde.
    Coincido con Esther hay que hacer un llamamiento, que va a ser de las nuevas generaciones sin recuerdos a granel???
    Un pepibeso guapa y disfruta mucho, eres una afortunada

  • 13 diciembre 2016

    La foto de la tomatera me ha llegado con olor, esa es la magia de las cosas de verdad.
    Que vivan los graneles, las carretillas de cariño y las sonrisas porque sí 😉

    • 13 diciembre 2016

      Hola Estela!

      ¿Verdad? Cuando estoy en Madrid añoro tanto todo esto que no sabes lo bien que me irían unas velas con olor a tomatera y unas sábanas húmedas como el ambiente del mar… ¡es una cosa!

      Muchísimas gracias por sentarte en esta mesa, ven cuando quieras 🙂

      un ÑAM!