Los pepinos, primos del calabacín y sobrinos de la sandía o el melón. Fantásticos frutos de plantas herbáceas, verdes que te quiero verdes. Pulpa blanquecina, tremendamente acuosa y asemillada. Sabor neutro. El amigo crujiente de algunas ensaladas. A veces avinagrado, otras asaborido. De piel lisa o rugosa pero siempre acalórico, repleto de fibra y vitaminas. Bestfriend de las caras bonitas, las pieles tersas y los ojos descansados.

El pepino, otro de los ‘frutos’ del amor que descendemos a la categoría de ‘bledo’ porque nos viene en gana o por todo lo contrario, pero bien que le reímos las gracias cuando nos pone bonito el sabor del gazpacho al volver de la playa o nos hace parecer modernetes en una cena con amigos luciendo palito entre las zanahorias y el humus, en plan crudité.

Cuando no nos importa en absoluto, ‘nos importa un pepino’. Así se lo pagamos. Un pepino o incluso -si nos venimos arriba- no nos importa uno sino tres. ‘Este ha dicho aquello’ y contestamos: ‘me importa tres pepinos lo que haya dicho’. Me imagino a los pepinos en la huerta, todos abrazados y retorcidos en plan apartheid mientras les pitan los oídos cosa mala, pensando qué narices han hecho para tener tan mala fama cuando son la alegría de las banderillas de casi todas las fiestas, arrejuntaditos en un palillo entre la aceituna y la piparra para hacerte gozar.

Ahí va mi oda al pepino corto. Una ensalada de pepino espirilizado con cebolla tierna morada, limón, aceite de oliva, pimienta molida, una pizca de azúcar sin refinar y sésamo negro.

Receta de ensalada de pepino en 4 pasos:

  1. Espiriliza un pepino.
  2. Corta la cebolla tierna morada.
  3. Haz un aliño con aceite de oliva, limón exprimido, sal, pimienta molida y azúcar sin refinar. Mezcla enérgicamente y sirve sobre la ensalada.
  4. Añade sésamo negro al gusto.

Los pepinos habrán aprendido a apretar sus carnes y a utilizar el chaparrón para ser cada vez más jugosos y seguir dándonos amor en ensaladas, cremas, batidos y otras maravillas. Ya es hora de devolverles todo ese amor y demostrarles que sí nos importan. No sólo los pepinos, sino cualquier otro vegetal al que le tenemos amargada la existencia (como el culo del ídem) y aún así, siguen ofreciéndonos el mejor de sus sabores. Damos calabazas y mandamos a freír espárragos porque nos importa todo un pimiento, o un pepino o qué sé yo. Vamos a cambiar, entre todos, estas formas de expresión utilizando otras cosas que realmente no nos importan como por ejemplo; ‘Me importa un hipo’ ¿a quién le importa el hipo? o ‘Me importa un apéndice’, ¿qué hace ahí la apéndice? Jeje. Os invito a que entréis en www.sinosimportan.com y hagáis una propuesta que puede pasar a la historia y le demos, de esta manera, mejor vida a los pepinos en nuestro vocabulario.

Pepino, a mí sí que me importas.

un comensal ha hablado

  • Fernando
    16 octubre 2017

    Yo que no soy un gran cocinero, mas bien lo contrario, siempre aprendo algo nuevo que tú enseñas a hacer. Un saludo, Marta.