Palma de Mallorca está para comérsela y en los últimos años se está poniendo más buena si cabe. Esta ciudad, con el segundo casco antiguo más grande de Europa, siempre ha tenido para mí un sabor dulzón. Sus vías estrechas y empedradas, los paseos arbolados, la Lonja y su entramado de calles con nostalgia pesquera. Santa Catalina convertida en el barrio hipster de moda con sus jaranas gastrofestivas y su mercado como corazón vital del barrio. El paseo marítimo y su interminable carril bici, las puestas de sol y el olor a mar.

Hace una semana se celebraba el #TaPalma2017, una ruta de tapas y cócteles para disfrutar por diferentes puntos de la ciudad de un combo ‘bebida + tapa’ a precios irresistibles. Una opción muy interesante para descubrir nuevos templos foodies y volver a saborear los de siempre.

 

Con lo que me gustan los planes alrededor de la mesa, teniendo en cuenta el plan y que estaba en la isla bonita, encontré la excusa perfecta para invitaros a recorrer conmigo la ciudad y descubriros tres de mis rincones favoritos mientras movemos el bigote.

Palma en tres bocados:

  1. Casco antiguo de Palma. Uno de mis lugares favoritos para pasear sin rumbo y tomar un vino con lo que surja. De Las Ramblas hasta el Borne, los aledaños de la Seu o los paseos por la Lonja son recorridos indispensables si te dejas caer en mi ciudad favorita del mundo. La Bodeguita, Casa Julio y el Bar Dia míticos para comer como si cocinara mamá. Nosotros, en esta ocasión, hicimos una parada en la Bodega Can Rigo -que formaba parte de la ruta centro de esta edición TaPalmera-, a probar el minillonguet de sobrasada con naranja amarga y brindar con un zurito de vino tinto.
  2. Santa Catalina. Un antiguo barrio de pescadores convertido en el eje de las jaranas gastro-modernas pero que todavía conserva el encanto de sus casas bajas de colores y su espalda al mar. Una vía peatonal cruza de punta a punta uno de los barrios más punteros de la ciudad. En el centro, sur aorta, un mercado municipal en el que es obligatorio parar en una de sus esquinas (Bar Can Frau) y zamparte un variat. Nosotros fuimos a probar el cebiche servido en lata del Mig i Mig -que formaba parte de la ruta Santa Catalina de esta edición del TaPalma-.
  3. Paseo Marítimo. Mi lugar para desconectar del mundanal ruido, sentarme al sol, patinar sin fin, montar en bici hasta meter las ruedas en la arena o pasear mientras silueteo la ciudad sobre la costa. Mi rincón favorito para coger aire, pensar, crecer y soñar. Aquí acabamos nuestra ruta, en El Pesquero, un restaurante con terraza bar para disfrutar del cascabeleo de los mástiles de los veleros y una puesta de sol meditaránea. Nos despedimos del día con una copa de vino blanco y moviendo los carrillos con el saborcete de una cuchara de pica-pica y otra de ensaladilla que están sencillamente espectaculares.

Tres bocados de esta ciudad saben a poco, así que si te has quedado con hambre te invito a que vengas a saborear Palma tú misma. Eso sí, como diría Robert Graves, sólo si eres capaz de soportar el paraíso.

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