Recuerdo como si fuera ayer cuando mi madre untaba de aceite la encimera de la cocina mientras el ambiente se impregnaba de un olor intenso a azúcar quemado. Mis hermanos y yo colocábamos estratégicamente los palillos encima de la mesa y removíamos por turnos aquella fórmula mágica de azúcar + agua que minutos después se convertiría en una flamante piruleta casera. Para mi era algo parecido a un truco de magia.

Me hice mayor y ya no hago piruletas. Hacerme mayor, entre otras cosas, me ha servido para darme cuenta de que Charlie y la Fábrica de Chocolate eran mentira. No existen. Y que si existieran todos moriríamos por sobredosis de glucosa. 

Gracias al diseño de Tessa Geuze y su ‘algo dulce’ eso no pasará y puedo ver más cerca la posibilidad de tener mi propia fábrica, no la de Charlie, si no una fábrica portátil de dulces saludables. Una fórmula para hacer caramelos de una manera artesanal, utilizando ingredientes locales y buscando el sabor de la temporada.

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Más allá de que el concepto me parezca la repera, el diseño me resulta tremendamente atractivo. Minimalista y rústico, práctico y divertido. Una caja con diferentes moldes en su interior que a la vez sirve de expositor o de porta piruletas.

Si el otro día os contaba por aquí que igual me animaba a tunear la bici y ponerme a vender los polos más bonitos del mundo, hoy os digo que tampoco me importaría nada de nada llenar las calles de asúuuucar sano, bonito y local.

Marta y la fábrica de piruletas, ¿cómo lo véis?

Fotografías vía

2 comensales han hablado

  • 25 junio 2015

    Me encantaaaaaa yo quiero tener esa minifábrica de piruletas . ¿se puede conseguir en algún sitio??

    • 25 junio 2015

      Es una maravilla, ¿verdad?. ¡Yo también la quiero! Por ahora no la he encontrado en venta, sólo sé que se presentó en la semana de diseño de Milán. A ver si pronto la veo por ahí y te lo cuento 😉 Y me hago con una, claro jeje