Imagina que sólo existiera un único tipo de chocolate. Que sólo pudieras encontrar en el mundo chocolate negro de fundir, de ese duro como una piedra, en tableta y con 90% de cacao. Imagina que en la sección de dulces, en la estantería de chocolates no hubiera ni chocolate con leche, ni con almendras, ni relleno de menta, ni chocolate preparado a la taza, ni virutas de chocolate, ni bolitas rellenas de galleta, ni cacao soluble, ni sirope; tampoco chocolate blanco, ni chocolate negro con cayena y mucho menos esa divertida tableta de chocolate con petazetas que tanto hace bailar a tu paladar.

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Imagina que ese es el panorama en el supermercado de la esquina, en la tienda de tu barrio y en los grandes almacenes de aquel centro comercial que tienes al lado del trabajo. En cualquier país, en cualquier ciudad y en cualquier pueblo. Incluso en el tuyo, en aquella tienda en la que te comprabas los tarros de crema de cacao para untártela entre el pan y la lengua.

Nada, en ningún sitio. Imagina que sólo existe ese único tipo de chocolate negro para fundir que no puedes metértelo sin nada a la boca después de la siesta porque amarga, en ese momento en el que lo único que te apetece es esa onza de chocolate con leche, dulce y fresquito de la nevera.

Y esto no ocurre, gracias a que las Marcas de toda la vida innovan e imprimen sus ideas en productos para sorprendernos. Nos hacen disfrutar fantaseando sobre si serán capaces de desarrollar una tableta de chocolate que aguante el calor para que puedas comerte un trozo, después de esa siesta al fresquete en el césped de tu piscina.

Hablo de chocolate por poner un ejemplo, pero podríamos hablar de cualquier producto en cualquier sector. Si las Marcas de toda la vida no trabajaran para hacernos un mundo más divertido y sorprendente, probablemente yo no disfrutaría de buscar y rebuscar, descubrir e incluso soñar con los productos que son capaces de desarrollar.

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Sin esas Marcas, nunca hubiera cerrado los ojos al sentir el frescor de una lámina de fino chocolate y menta, no podría haber mojado las galletas en leche y cacao hasta los dedos porque no existiría el formato en polvo, tampoco hubiese cubierto mis tortitas con sirope de chocolate y nunca me hubiese estallado un bombón con licor en el paladar.

Tenemos que apoyar y creer en las Primeras Marcas que han invertido tiempo, dinero y esfuerzo en crear algo único, en innovar, en convertir aquel grano de cacao en una barrita de chocolate con cereales para darte energía en mitad de la mañana.

En definitiva, las cadenas de supermercados deberían incluir estas innovaciones de las Marcas de toda la vida para mejorar nuestro bienestar como consumidores y aumentar nuestra libertad de elección.